Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se han convertido en un problema de salud de primer orden. Si bien no se ha llegado a establecer ningún procedimiento estandarizado para su tratamiento pero sí que se ha llegado a un consenso en cuanto a que el abordaje de estos trastornos ha de ser MULTIDISCIPLINAR, entendiéndose por esto que en el tratamiento han de participar varios profesionales desde campos de actuación diferentes, pero coordinados.

Los profesionales implicados en este tratamiento han de ser psicólogo, psiquiatra, endocrino-nutricionista y, en algunos casos, ginecólogo.

Para un tratamiento adecuado han de contemplarse tanto los aspectos médicos como los psicológicos, pero la organización o priorización de estos va a depender del estado o fase de la enfermedad y del cuadro que se presente.

Si se admite que la etiología de la anorexia nerviosa (y de la bulimia nerviosa) es multifactorial, su abordaje terapéutico debe contemplar diferentes aspectos, ser flexible y adaptarse a las especiales características de cada paciente, lo que indudablemente supone una dificultad añadida

(Garcia-Camba, E. 2001)

En el caso de la anorexia nerviosa el primer paso es la valoración física y nutricional. Esta comprobado que no se podrá llevar adelante un abordaje psicoterapéutico adecuado si no se consigue una estabilización nutricional correcta, lo cual pasa por una fase de renutrición. En esta situación, la psicoterapia consistirá en un apoyo a la renutrición, y solo después se podrán abordar los aspectos psicoterapéuticos para convertirse en el eje de la recuperación.

En el caso de la bulimia nerviosa se valorará el nivel de descontrol e impulsividad, pero los aspectos psicológicos se podrán abordar desde el primer momento.

Cualquier plan de tratamiento para un paciente con un Trastorno de la Conducta Alimentaria debe incluir métodos para normalizar su alimentación [...]. Por supuesto, con solo realimentar a un paciente no se obtendrán remisiones duraderas si no se acompañan de un tratamiento psiquiátrico adecuado

(INSALUD, 1995)

Ingreso Hospitalario

Existen una serie de criterios para la hospitalización de una persona con Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Estos deben ser valorados por un médico y se basarán en el grado de desnutrición, las complicaciones médicas asociadas y el nivel de descontrol de los impulsos.

En todo caso es necesario saber que un ingreso por Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) puede ser largo y no va a tener como resultado la recuperación del paciente. Un ingreso hospitalario se debe hacer en caso de riesgo vital y su objetivo principal es el de salvaguardar la vida del /la paciente.

Tratamiento Ambulatorio

El tratamiento de estos trastornos es largo, con una media de cuatro años para conseguir una recuperación optima.

El tratamiento ambulatorio debe incluir la psicoterapia y las revisiones psiquiatritas y médicas.

El proceso de recuperación puede ser lento y los cambios difíciles de apreciar. Por ello, el/la paciente y su familia han de tener paciencia y estar muy atentos a los pequeños cambios que puedan aparecer. Esta situación puede llegar a ser frustrante, sobre todo si solo se presta atención a la alimentación y a la relación con la comida. Otros puntos en los que conviene fijarse son el estado de ánimo, la expresión de sentimientos (tanto positivos como negativos), la mejoría en la comunicación, la asunción de responsabilidades o la forma de afrontar las situaciones de ansiedad.

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