Pocos psiquiatras aceptan que los trastornos de la alimentación estén incrementando su prevalencia entre la población española

ABC|22-4-2006

Pocos psiquiatras aceptan que los trastornos de la alimentación estén incrementando su prevalencia entre la población española. Más bien creen que ahora se diagnostica mejor y que hay mayor conciencia social. Durante 2004 se produjeron 1.573 altas hospitalarias por anorexia y 532 por bulimia (principalmente en mujeres); en 2003 se registraron 15 fallecimientos por trastornos de la alimentación; durante 1997 se atendió a 2.307 personas por estas patologías, en 2003 (el peor año junto a 2002) se hospitalizó a 3.667.

Pero lo que también queda claro es que la psiquiatría moderna insiste es que junto al origen social de los trastornos de la alimentación (tallas, modelos, malas dietas nutricionales) también hay factores genéticos y biológicos que influyen en estos trastornos. El Congreso Centenario López Ibor que se desarrolla hasta hoy en Madrid bajo el auspicio de la Asociación Mundial de Psiquiatría dedicó ayer uno de sus encuentros a la neurobiología y genética de los trastornos de la alimentación, es decir, a sus fundamentos biológicos. Pero sus ponentes también se pronunciaron sobre el intento del Ministerio de Sanidad de pactar con diseñadores y empresarios textiles la unificación de las tallas de ropa y el acercamiento de los modelos estéticos (pasarelas) que se proponen desde el sector a la realidad social.

Francisco Vaz Leal, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Extremadura, cree positivo que la Administración busque un acuerdo con el mundo de la moda: «Servirá para evitar que aparezcan muchos trastornos porque la moda genera sensaciones de inseguridad en los adolescentes». Un acuerdo así, indica Vaz,«vale para intentar reducir un factor de riesgo; si disminuye la presión social, bajará el número de pacientes con trastornos de la alimentación, pero no es el único factor». Vaz reclama otras acciones al sector público, estrategias complementarias desde la prevención secundaria y terciaria, o lo que es lo mismo, invertir más en asistencia primaria. «Tenemos que acortar el tiempo de diagnóstico y tratamiento, lograr que el paciente llegue con una evolución menor de la enfermedad, pero también reducir sus consecuencias».

Manuel Trujillo, director de Psiquiatría del Bellevue Hospital Center de Nueva York, ve los intentos de Sanidad desde la óptica de Estados Unidos. «Allí sería impensable, por el concepto norteamericano de separación del poder ejecutivo con la sociedad. Pero me parece bien, siempre que se cree un clima voluntario de participación, porque cuestionarse las metas sociales que impone el siglo XXI -ser el mejor, el más guapo- siempre es bueno. Ese debate es necesario, de lo contrario nos dejaremos arrastrar por el consumismo».

Abuso sexual y bulimia

Marina Díaz Marsá está al frente de la Unidad de Hospitalización Breve del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Para ella, los trastornos de la alimentación son polifactoriales. «Siempre se habla de lo social porque es lo que más atrae. Pero hay que añadir la vulnerabilidad genética y la situación familiar». Sin embargo, como las asociaciones de pacientes, cree que la iniciativa de la Administración respecto a las tallas «sí valdrá. Se intentó antes y se abandonó, por eso sería deseable que se mantuviese en el tiempo. Todo lo que se normaliza puede ayudar, pero tanto en las pasarelas (que las modelos no sean tan escuálidas) como en las revistas de divulgación general, todas deben presentar a gente más normal.

Esta psiquiatra centra su trabajo en los traumas y en las respuestas al estrés en los trastornos de la conducta alimentaria. Por ejemplo, y dentro de ese sentido polifactorial de las enfermedades relacionadas con la alimentación, destaca que «antecedentes traumáticos y estrés en la infancia pueden dar lugar a una serie de trastornos en la juventud», entre los que destaca, sobre todo, la bulimia. Pero junto a estos hechos, a los que también pueden unirse traumas como la pérdida de un ser querido en la infancia, cita también las catástrofes y los abusos sexuales, sean puntuales o prolongados en el tiempo: «Existe un 30 o un 40 por ciento de prevalencia de abuso sexual en pacientes con trastornos de la alimentación». Pero es que, además, Marina Díaz, considera que «la correlación puede dar lugar a un trastorno más grave, con comorbilidad del trastorno límite de personalidad».

La psiquiatra insiste en el papel central que en el trauma tiene el eje hipotálamo hipofiso adrenal, un sistema hormonal en el que se integra la secreción de cortisol por parte de la corteza suprarrenal con otros neurotransmisores y que es fundamental en la respuesta al estrés, tras desencadenarse el trauma. «Si el estrés es muy importante se producirá una alteración en los receptores cerebrales», cambios en el eje que pueden desembocar principalmente en bulimia, no en anorexia, «ya que posiblemente está más relacionado con la impulsividad», indica Díaz Marsá. Centrar las investigaciones en este eje puede tener una meta importante como sería la posibilidad de modelar la respuesta del eje al estrés a través de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina u otros inhibidores.

Más genética que el cáncer

Lo polifactorial en los trastornos de la alimentación tiene respuesta en la genética. Lo indica Raquel Rodríguez, investigadora de la Fundación del Hospital Clínico San Carlos. «La susceptibilidad heredada es superior en estos trastornos que en el cáncer». Por ejemplo, habría un condicionamiento genético en más de un 15 por ciento de los casos, pero de entre un 40 o un 70 por ciento entre los obesos mórbidos. La posibilidad de hacer exámenes genéticos a esta población en riesgo (que no se hacen) abriría nuevos campos predictivos para mejorar la atención a la enfermedad por parte de endocrinólogos y psiquiatras.

FUENTE: ABC

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