Una parlamentaria francesa propone que se advierta cuando una fotografía haya sido retocada con Photoshop

Aunque a estas alturas nadie se crea que la fotografía es un reflejo fiel de la realidad, también se observa una creciente desconfianza ante los retoques de Photoshop. Mientras una iniciativa de una parlamentaria francesa propone que se advierta si una fotografía ha sido retocada, en el sector de la moda se advierte una reacción para que los modelos de mujer sean más reales.
Carmen Llovet/María Adiego/Aceprensa - 18-11-09

La diputada francesa Valérie Boyer presentó el pasado septiembre una propuesta de ley para que en las fotografías publicadas en los medios de comunicación sea obligatorio advertir si han sido modificadas. Las imágenes tratadas con Photoshop deberían ir acompañadas de este aviso: “Fotografía retocada para modificar la apariencia física de una persona”. La iniciativa de la parlamentaria francesa del partido de UMP de Nicolas Sarkozy no tiene visos de prosperar, pero sí ha revelado el malestar ante la desconfianza sobre la fidelidad de las imágenes y ha provocado un debate sobre la licitud de esta práctica.

Modelos de mujeres reales

No solo los políticos, también las propias revistas del sector de la moda están apuntalando un cambio de escenario para poder conectar con sus lectoras. La directora de la Vogue británica convocó a las casas de moda más influyentes para acabar con la cultura de la “talla cero”. Una iniciativa que ha puesto en práctica Briggitte, una de las revistas más vendidas en Alemania, al decidir dejar de usar el Photoshop para utilizar a mujeres reales desconocidas. La americana Glamour se unió atreviéndose a publicar una fotografía de Lizzie Miller, una modelo de talla grande, y recibió por ello las felicitaciones de sus lectoras porque “la gente quiere ver diferentes tipos de cuerpos”, en palabras de su editora.

Salvo estas excepciones, se hace cada vez más difícil encontrar a modelos con un aspecto saludable, pues “pesan un 23% menos que las mujeres normales”, declara la directora de la alemana Briggitte. Para las revistas que quieren seguir trabajando con modelos profesionales, parece que la única opción razonable es rechazar en sus castings a aquellas que sean esqueléticas; aunque sea precisamente esa cualidad la que les permita desfilar para modistos como Karl Lagerfeld, quien declara que “las mujeres con curvas deben estar fuera de las pasarelas”.

¿Y la opción para las modelos y actrices retratadas? Lo sensato es que puedan desautorizar la difusión de las imágenes manipuladas. O si sucede, incluso denunciarlo. Así lo ha hecho la protagonista de Titanic, Kate Winslet, al llevar a los tribunales al medio que la retocó de tal forma que no se sentía identificada con su propia imagen. Toda una declaración de principios frente a la corriente actual de superestrellas que prohíben la publicación de sus arrugas o celulitis.

El escándalo se avivó en el mes de octubre, cuando los blogs Photodisasters y Boing Boing publicaron dos imágenes retocadas de la marca de moda Ralph Lauren donde las modelos Filippa Hamilton y Valentina Zelyaeva tenían “una cintura más delgada que su cabeza”(1). Junto a las imágenes manipuladas, los blogs destacaban las fotografías reales de las modelos, mujeres delgadas pero saludables. La marca americana, una de las que más vende en EE. UU. llevó a los dos blogs a los tribunales. Pero la medida se volvió en su contra, ya que la foto había sido reproducida “con fines de crítica, comentario o cobertura de noticia”. Lo único que se consiguió fue dar publicidad al incidente en un contexto donde varias modelos han muerto de anorexia desde el año 2006.

Publicidad, ¿realidad o persuasión?

La propuesta de la parlamentaria francesa plantea otras preguntas que van más allá de la falta de veracidad en la publicidad y en el texto publicado: ¿es suficiente advertir el retoque?, ¿es la publicidad el soporte adecuado para aplicar esta medida?, ¿es ésta sólo una iniciativa políticamente correcta dentro de una sociedad hipócrita obsesionada con la belleza y el aspecto físico?

Lo primero que choca de esta medida es la vaga imprecisión de la información que se aporta, pues vamos a tener que adivinar qué parte de la imagen está manipulada. El aviso:“Fotografía retocada para modificar la apariencia física de una persona”, no aporta nada más a lo que ya sabemos: que en los shows hay poco de reality.

Una segunda crítica que han hecho algunos medios especializados es que la publicidad no es el campo adecuado para aplicar esta medida, porque la publicidad está a medio camino entre el arte y la información. Como arte, la publicidad se esfuerza en hacer soñar, pero como información también pretende convencer y seguir ligada a la vida cotidiana. Según afirma el profesor Jesús González Requena en su libro El espot publicitario. Las metamorfosis del deseo (2), “la publicidad es el campo de la fascinación visual. En estos mensajes, la información importa muy poco. No apela a nuestra razón sino a nuestro deseo”. La publicidad construye una imagen deseable en la que el objetivo empírico, lo que se vende, no tiene mucho que decir.

Cánones antinaturales

La publicidad ha creado en nuestro cerebro un paisaje imaginario compuesto de fotografías y cánones de belleza que no son reales y que nunca existirían de manera natural, como es el caso de la modelo de Ralph Lauren cuya cintura era más delgada que su cabeza. Ante esta situación, surge una duda: ¿Basta con advertir que una fotografía ha sido retocada? Aunque ya sabemos que mil palabras pueden explicar el contenido, contexto y datos fundamentales de una fotografía, en el caso de la fotografía de moda es más cierto que una imagen puede valer más que mil palabras. Y es que la fuerza psicológica de la imagen es muy potente, y el cerebro humano percibe e identifica la realidad por las impresiones que captan sus sentidos. En el caso que estamos analizando, la visión de una modelo perfecta es más poderosa que las dos palabras foto retocada juntas.

El problema está precisamente ahí. Las imágenes distorsionadas, advierte González Requena, no son descodificadas por nuestro cerebro y reconocidas como imágenes irreales. ¿Cuál es el resultado después de décadas de influencia? La sociedad occidental ha ido creando en las mujeres un universo de imágenes y cánones de belleza irreales que han provocado graves consecuencias como los trastornos psicológicos y alimentarios. Estos cánones son antinaturales y convierten a los modelos, a las personas al fin y al cabo, en simples objetos o armas de persuasión y venta. ¿Alguien quiere parecerse a un objeto, a una simple percha?

La irrealidad de lo perfecto

Todo lo irreal y lo perfecto nos aleja de la idea de ser humano. Sin embargo, la sociedad ha desarrollado un alto grado de hipocresía al respecto. Es políticamente correcto luchar contra la anorexia y defender la naturalidad, pero cada vez más gente acude a clínicas estéticas para retocar su imagen e intentar ser más perfecto. En concreto en España, el documental “Prisioneras de la imagen” aportaba el dato de que España se ha convertido en el primer país europeo en intervenciones de cirugía estética, rondando las 400.000 operaciones en 2008, con un gasto medio de 2.000 euros (3).

Un buen ejemplo de esta tesis es la que recoge Andrew Niccol en Simone, la película que dirige. El film narra la historia del ficticio director de cine Viktor Taransky, quien para salvar su carrera del fracaso profesional, crea por medio de un programa informático una actriz virtual y, por supuesto, perfecta. Simone (traducida como “simulación uno”) da vida al personaje protagonista de sus películas y manipula a un público que acepta como real una increíble mentira informática. “Aunque ella no sea nada más que un conjunto de píxeles, la gente seguirá enamorándose de ella. Pertenecemos a una cultura obsesionada por las celebridades”, reconoce Niccol.

La actriz irreal despierta fascinación porque es un ser humano sin mácula –“demasiado hermosa”, en palabras de su ficticio director– dentro de un mundo que desprecia la imperfección y la fealdad. Es el mundo de hoy, que tiene nostalgia del que admiraba la belleza natural de las actrices de antes y que por eso se inventa una con las cualidades más aclamadas por la opinión pública: la voz de Jane Fonda, el cuerpo de Sofía Loren y la elegancia de Grace Kelly. “Antes iluminábamos los corazones y las mentes con un rayo de verdad: eso es lo que hacíamos”, confiesa en un momento de la película el director fraudulento, interpretado por Al Pacino.

Recuperar la percepción de la belleza real

Los escépticos de medidas como la de contratar a mujeres desconocidas para la publicidad de moda, aseguran que “las mujeres no quieren contemplar una revista para ver mujeres corrientes”. ¿Es eso cierto? La marca Dove contesta con el eslogan “Por la belleza real” haciendo participar en sus campañas publicitarias a mujeres de distintos tamaños, formas y edades. Mujeres corrientes. A través de un estudio, se dieron cuenta de que ni un 10% de las mujeres se percibían bellas, pues se comparaban con los estereotipos creados por los medios de comunicación. El objetivo de este reto ha sido “ofrecer a la mujer una visión de la belleza más tolerante, más saludable y más democrática” de cara a aumentar su nivel de bienestar y felicidad.

Todo el sector de la belleza y la moda desempeña un papel fundamental para promover un vuelco en la opinión pública a favor de la imagen de la mujer en sus facetas reales. Esto exigiría una rectificación de la trayectoria de las casas de moda. De hecho, las disculpas del representante de Ralph Lauren, que se hace responsable de los retoques que “han dado lugar a la muy distorsionada imagen del cuerpo de la mujer”, llegan al fondo del asunto.

Y es que “el retoque fotográfico no debería ser la herramienta elegida para representar a la mujer”, como señala el fotógrafo Peter Lindbergh, quien retrató sin maquillaje, ni por supuesto Photoshop, a las modelos Mónica Belluci, Eva Herzigova y Sophie Marceu para la revista Elle del pasado mes de abril. Artistas como él son otra de las piezas fundamentales para impulsar el cambio de mentalidad respecto al uso del Photoshop. “Tengo la sensación de que durante mucho tiempo retocar las imágenes ha tenido demasiado peso en la forma en que se define visualmente a las mujeres”, añade Lindbergh (4).

El uso del Photoshop supone también una forma de desprestigio de su profesión. “El sistema ha relajado la ética profesional del sector”, declara el veterano fotógrafo de moda Ugo Camera. “Ahora el maquillador ya no se lo trabaja tanto; y el estilista lo mismo: ¿para qué corregir una arruga o prender un bajo del pantalón si se puede borrar después?”

Fuente: www.cope.es

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