Los síntomas alimentarios son solo la punta del iceberg,
Habla de lo que has observado desde la empatía, sin juicio y estando abierto a escuchar.
No pongas el foco en la comida y el peso, mejor exprésale tu preocupación por sus cambios emocionales y/o en las relaciones.
El momento ideal no existe, pero es importante que podáis hablar desde la serenidad, no en medio de un enfrentamiento.
Busca crear un clima de confianza, cuando no haya prisa.
Intenta entender por lo que está pasando y escucha cómo se siente, sin opinar sobre lo que te cuente, sin regañarle o culpabilizarle por sus comportamientos. Para ayudar necesitas entender.
No intentes imponer tu punto de vista/tener razón.
Solo necesitamos que acepte que pasa algo, no es imprescindible que admita tener un TCA.
Proponle consultar con un profesional para que os oriente y le ayude con lo que le pasa.
Piensa que puede resultar difícil reconocer que se necesita ayuda. Dale tiempo y hazle saber que estás a su lado para cuando lo acepte.
Las cosas no van a cambiar de un día para otro. El camino puede ser muy frustrante para todos. Intenta tener paciencia y valorar los pequeños pasos.
Tú también necesitas apoyo, busca espacios de autocuidado. Si te sientes sobrepasado, contacta con un profesional y/o busca un grupo de autoayuda.
Intentar que la alimentación sea saludable, sin obsesionarse. La comida también es un momento para compartir, socializar y disfrutar. Salud también implica flexibilidad.
Es positivo realizar, al menos, una comida al día con la familia y compartir cómo nos va o qué estamos haciendo. La conversación es mejor que no gire en torno a la comida.
Evita las bromas o comentarios críticos sobre el cuerpo o el peso.